¿Qué causa realmente la enfermedad de Ménière? Una nueva revisión apunta al saco endolinfático y revela pistas sobre su origen
La enfermedad de Ménière continúa siendo uno de los trastornos del oído interno más difíciles de comprender. Aunque fue descrita hace más de un siglo, los investigadores todavía no han conseguido identificar una única causa capaz de explicar por qué aparecen sus característicos episodios de vértigo, tinnitus, pérdida auditiva fluctuante y sensación de presión o plenitud en el oído. – ( Imagen de human.biodigital.com )
Ahora, una nueva revisión científica reúne algunos de los avances más recientes sobre la enfermedad y plantea una posibilidad especialmente interesante: el saco endolinfático podría desempeñar un papel central en la aparición y evolución de la enfermedad de Ménière.
El trabajo, publicado en la revista Genes & Diseases, analiza los diferentes mecanismos biológicos que podrían estar relacionados con esta enfermedad y propone una visión más compleja de su origen.
La enfermedad de Ménière podría tener múltiples causas
Durante mucho tiempo, la llamada hidropesía endolinfática, es decir, una alteración caracterizada por un aumento o desequilibrio de la endolinfa dentro del oído interno, ha ocupado un lugar central en las investigaciones sobre Ménière.
Sin embargo, la nueva revisión sugiere que este fenómeno podría ser más bien el resultado final de diferentes procesos que afectan al oído interno.
Entre los posibles factores implicados aparecen la predisposición genética, alteraciones del sistema inmunitario, infecciones virales, inflamación, estrés oxidativo, problemas en el transporte de iones y alteraciones en la regulación de los líquidos del oído interno.
Esto ayudaría a explicar por qué la enfermedad puede comportarse de manera tan diferente entre unos pacientes y otros.
Algunas personas experimentan crisis de vértigo muy frecuentes, mientras que otras pueden pasar largos períodos sin síntomas importantes. Del mismo modo, la pérdida auditiva puede fluctuar y el tinnitus puede variar considerablemente a lo largo del tiempo.
El saco endolinfático, una pieza que podría ser clave
Uno de los aspectos más llamativos de la revisión es la importancia que concede al saco endolinfático.
Esta estructura participa en el mantenimiento del equilibrio del entorno interno del oído y está relacionada con la regulación de la endolinfa. Los investigadores plantean que podría funcionar como un punto de convergencia en el que diferentes factores terminan alterando el funcionamiento normal del oído interno.
Si esta hipótesis se confirma, podría ayudar a comprender cómo factores aparentemente diferentes —como una alteración inmunitaria, una infección o determinadas variantes genéticas— pueden terminar produciendo problemas similares.
La consecuencia podría ser una alteración del equilibrio de los líquidos del oído interno y, finalmente, el desarrollo de hidropesía endolinfática.
Pero hay que hacer una precisión importante: esto no significa que se haya descubierto definitivamente la causa de la enfermedad de Ménière. Se trata de una explicación que está siendo investigada y que todavía necesita ser confirmada mediante nuevos estudios.
El sistema inmunitario también podría estar involucrado
Otro de los campos que está adquiriendo importancia es el papel del sistema inmunitario.
La revisión recoge evidencias que relacionan la enfermedad con diferentes procesos inflamatorios y con alteraciones de las respuestas inmunitarias. También se estudia la posible influencia de las alergias y de determinadas infecciones virales.
Incluso se plantea que cambios en el microbioma podrían tener alguna relación con los procesos que afectan al oído interno, aunque esta es todavía un área de investigación relativamente nueva.
La idea general que está tomando fuerza es que la enfermedad de Ménière podría no ser exclusivamente un problema relacionado con los líquidos del oído, sino el resultado de una interacción entre diferentes sistemas biológicos.
La genética puede aportar nuevas respuestas
La investigación genética también está proporcionando pistas.
Los científicos han identificado determinadas variantes genéticas relacionadas con casos familiares de Ménière y también con formas aparentemente esporádicas de la enfermedad.
Algunas de estas variantes están relacionadas con mecanismos encargados de regular los líquidos, los iones y el funcionamiento de las células sensoriales del oído interno.
Esto resulta especialmente interesante porque podría explicar por qué algunas personas presentan una mayor susceptibilidad a desarrollar la enfermedad cuando se encuentran expuestas a determinados factores ambientales o biológicos.
En otras palabras, la genética podría proporcionar una predisposición, mientras que otros factores actuarían como desencadenantes. Esta posibilidad todavía necesita ser estudiada con mayor profundidad.
Nuevas tecnologías buscan las huellas de la enfermedad
La investigación sobre Ménière también está entrando en una etapa marcada por las denominadas tecnologías multiómicas.
Estas herramientas permiten estudiar simultáneamente diferentes niveles de información biológica, como el ADN, el ARN, las proteínas y los metabolitos.
Gracias a estos métodos, los investigadores están encontrando señales relacionadas con procesos como la activación inmunitaria, el estrés oxidativo, las alteraciones en el transporte de iones, los cambios en la matriz extracelular y la señalización del sistema nervioso.
Uno de los objetivos más importantes es encontrar biomarcadores que permitan identificar la enfermedad de una manera más precisa.
Actualmente, el diagnóstico de Ménière continúa dependiendo en buena medida de los síntomas, la historia clínica y diferentes pruebas auditivas y vestibulares. Un biomarcador fiable podría representar un cambio importante en este campo.
El problema de los modelos animales
La revisión también señala una dificultad que muchas veces pasa desapercibida: estudiar la enfermedad de Ménière en animales no es sencillo.
Aunque existen diferentes modelos experimentales que han permitido conocer mejor algunos mecanismos del oído interno, ninguno reproduce completamente la naturaleza fluctuante de la enfermedad humana.
Los pacientes pueden experimentar períodos de crisis seguidos de etapas de relativa estabilidad, algo que resulta complicado de reproducir en un modelo animal.
Por eso, los investigadores consideran que combinar técnicas quirúrgicas, biológicas y genéticas podría ayudar a desarrollar modelos experimentales más parecidos a la enfermedad humana.
¿Podría esto conducir a nuevos tratamientos?
Aquí se encuentra quizás la parte más prometedora de esta investigación.
Si los científicos consiguen determinar qué mecanismos desencadenan realmente las alteraciones del oído interno, podrían aparecer nuevas dianas terapéuticas.
En lugar de centrarse únicamente en controlar los síntomas, futuras terapias podrían intentar actuar sobre procesos concretos relacionados con la inflamación, la regulación de líquidos, las alteraciones inmunitarias, el estrés oxidativo o determinados mecanismos genéticos.
Sin embargo, todavía queda bastante camino por recorrer.
La nueva revisión no presenta una cura para la enfermedad de Ménière ni identifica una causa única y definitiva. Lo que aporta es algo igualmente importante para la investigación: una visión más amplia de cómo diferentes mecanismos podrían interactuar hasta producir la enfermedad.
Comprender esa interacción podría ser fundamental para desarrollar en el futuro diagnósticos más precisos y tratamientos más personalizados para las personas que viven con vértigo, tinnitus, pérdida auditiva y presión en los oídos.
Referencia científica
Liu, S., et al. (2026). Advances in research on the mechanisms and animal models of Ménière’s disease. Genes & Diseases. DOI: 10.1016/j.gendis.2025.102022.
Fuente: news-medical.net

