Cinco medicamentos de uso común que podrían afectar tu audición sin que lo sepas
Cuando una persona comienza un tratamiento médico, suele preocuparse por efectos secundarios conocidos como náuseas, somnolencia o malestar estomacal. Sin embargo, hay un riesgo del que casi no se habla y que puede dejar secuelas a largo plazo: el daño auditivo provocado por ciertos medicamentos de uso frecuente. – ( Imagen de freepik.com )
Existen fármacos llamados ototóxicos, capaces de afectar el oído interno, comprometiendo tanto la audición como el equilibrio. Lo más preocupante es que muchos de ellos se recetan a diario o se compran sin receta médica, y sus efectos pueden aparecer de forma silenciosa.
¿Qué es la ototoxicidad y por qué importa?
La ototoxicidad se produce cuando determinadas sustancias dañan la cóclea —encargada de la audición— o el sistema vestibular, responsable del equilibrio. Entre los síntomas más habituales se encuentran el tinnitus (zumbidos persistentes), dificultad para escuchar sonidos agudos, sensación de oído tapado, mareos o inestabilidad al caminar.
En algunos casos los síntomas desaparecen al suspender el medicamento, pero en otros el daño puede ser permanente. Esto ocurre porque las células ciliadas del oído interno, una vez lesionadas, no se regeneran.
Se estima que más de 200 medicamentos pueden generar algún grado de ototoxicidad.
1. Antibióticos potentes
Algunos antibióticos utilizados para tratar infecciones graves —como la sepsis, la meningitis o la tuberculosis— figuran entre los más agresivos para el oído. Los aminoglucósidos, como la gentamicina o la estreptomicina, son ampliamente conocidos por su potencial para causar pérdida auditiva irreversible, sobre todo cuando se usan en dosis altas o durante períodos prolongados.
Estos fármacos pueden permanecer en el oído interno durante semanas, lo que significa que el daño puede continuar incluso después de finalizar el tratamiento. También se han observado problemas auditivos con otros antibióticos como la eritromicina, la azitromicina y la vancomicina, especialmente en adultos mayores o personas con problemas renales.
2. Medicamentos para el corazón y la presión arterial
Los diuréticos de asa, recetados con frecuencia para insuficiencia cardíaca o hipertensión, pueden alterar el equilibrio de líquidos del oído interno. En dosis elevadas o administrados por vía intravenosa, fármacos como la furosemida o la bumetanida pueden provocar pérdida auditiva temporal o tinnitus.
Además, algunos medicamentos antihipertensivos, como los inhibidores de la ECA o los bloqueadores de los canales de calcio, han sido asociados con zumbidos en los oídos, aunque todavía se necesitan más estudios para comprender completamente su impacto.
3. Fármacos utilizados en quimioterapia
Dentro de los tratamientos oncológicos, los medicamentos que contienen platino —como el cisplatino— son especialmente dañinos para el oído. Este fármaco, usado en distintos tipos de cáncer, puede causar pérdida auditiva permanente en un alto porcentaje de pacientes.
El riesgo aumenta cuando el tratamiento se combina con radioterapia en la zona de cabeza y cuello. Investigadores buscan actualmente estrategias para reducir este efecto sin comprometer la eficacia del tratamiento contra el cáncer.
4. Analgésicos de uso cotidiano
Medicamentos tan comunes como la aspirina, el ibuprofeno, el naproxeno y el paracetamol también han sido vinculados con tinnitus y pérdida auditiva cuando se utilizan de forma frecuente y en dosis elevadas.
Estudios recientes indican que el consumo regular de estos analgésicos puede aumentar significativamente el riesgo de zumbidos persistentes, especialmente en personas menores de 60 años. En muchos casos, los síntomas mejoran al suspender el fármaco, pero el riesgo existe cuando el uso es prolongado.
5. Medicamentos contra la malaria y otros usos
La quinina y la cloroquina, utilizadas para tratar la malaria y ciertos calambres musculares, pueden provocar tinnitus y pérdida auditiva, generalmente reversible. Sin embargo, en tratamientos largos o con dosis altas, el daño puede volverse permanente.
La hidroxicloroquina, empleada en enfermedades autoinmunes como el lupus o la artritis reumatoide, comparte una estructura química similar y presenta riesgos parecidos para la audición.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Las personas con pérdida auditiva previa, enfermedades renales, predisposición genética, adultos mayores y quienes toman varios medicamentos ototóxicos al mismo tiempo son más vulnerables. Los niños también requieren especial control.
En situaciones graves, como infecciones severas o cáncer, los beneficios del tratamiento suelen ser mayores que los riesgos. Aun así, estar informado es clave.
Si durante un tratamiento aparecen zumbidos, mareos o dificultad para oír, es fundamental comunicarlo de inmediato al médico o farmacéutico. Detectar el problema a tiempo puede marcar la diferencia entre un daño reversible y uno permanente.
Fuente: independent.co.uk

