La hipnoterapia como tratamiento para el acúfeno

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Fenómenos relacionados con la hipnosis han existido a lo largo de la historia aunque con diferentes nombres, interpretándose como tales las prácticas asociadas a algunas actividades religiosas y curativas de antiguas culturas.

Sin embargo, desde un punto de vista relativamente científico fue James Braid quien acuñó el término hipnosis para referirse a una especie de trance, voluntariamente inducido, que él relacionó con el sueño (del griego hypnos: sueño).


Tanto el concepto como su interpretación y aplicación fue evolucionando posteriormente al ser utilizado como parte esencial en el tratamiento de problemas clínicos, principalmente por Charcot, Breuer y con gran repercusión por Sigmund Freud. El uso de la hipnosis como procedimiento terapéutico ha seguido históricamente una vigencia cíclica, pasando de ser utilizado con actitudes entusiastas a abandonado e incluso denostado.

Actualmente, aunque no goza de una amplia aceptación dentro de la práctica clínica, continúa aplicándose con buenos resultados a diferentes problemas como dolor crónico o drogodependencias, especialmente en EEUU, en la mayoría de los casos como coadyuvante de otras terapias tales como la reestructuración cognitiva anteriormente tratada.

Quizá debido al halo de misterio que rodea la hipnosis, su naturaleza es más conocida por lo que no es, lo que genera una gran cantidad de mitos en torno a la misma. Una explicación pormenorizada iría más allá de la temática de este capítulo, por lo que solo nos limitaremos a esbozar sus elementos más significativos.

Son muchas las explicaciones teóricas que se han propuesto sobre la hipnosis y sus efectos, entendiéndose como una especie de trance cualitativamente diferente de otras experiencias mentales y que afecta a todos los niveles de respuesta.

Puede concebirse como un estado a través del cual el sujeto focaliza su atención y se concentra en una parte concreta del conjunto estimular, al mismo tiempo que bloquea la percepción del resto de estímulos periféricos, lo que le hace estar especialmente receptivo a la vivencia de una situación dada.

Partiendo de esta definición es fácil derivar aplicaciones al tratamiento del acúfeno, teniendo en cuenta el importante papel que juega la atención en la explicación del problema. En la práctica, el tratamiento basado en la hipnosis pasa por cinco fases:

1- Preparación del paciente.
2- Inducción hipnótica.
3- Profundización en el estado.
4- Aplicación a la terapia.
5- Finalización.


Dentro de cada una de las fases pueden aparecer diferentes variaciones en su aplicación, si bien, la práctica de la relajación, con métodos como los anteriormente comentados, juega un papel fundamental en la adquisición del trance hipnótico.

Es importante resaltar que la aplicación de cada una de las fases requiere de un conocimiento profundo, tanto de la terapia, como del comportamiento humano, así como de un entrenamiento en el dominio de las diferentes técnicas.

A los propósitos de este capítulo parece más relevante detenernos brevemente en la aplicación del estado hipnótico a la terapia (fase 4), ya que tanto en el acúfeno, como en otros problemas susceptibles de su aplicación, el objetivo es actuar sobre factores cognitivos, perceptivos, emocionales y conductuales.

Como sabemos, los sujetos con acúfenos clínicamente significativos, tienden a prestar a éste una continua atención y de esta forma hacerlo presente constantemente, al mismo tiempo que a interpretarlo de una forma catastrófica asociada a un error cognitivo.

En consecuencia, la aplicación de la hipnosis, tal y como ha sido definida, permite desviar la atención del acúfeno y centrarse en otros aspectos presentes en la situación, previamente asociados en la historia del individuo a relajación o placer (vivencias y experiencias positivas incompatibles con el malestar).

Del mismo modo, el sujeto se encuentra en una excelente disposición para evocar imágenes o introducir pensamientos contrarios y alternativos a los presentes habitualmente, adquiriendo, de esta forma, una percepción de autoeficacia y control sobre la situación, cuya inexistencia se encuentra en la base del malestar generado por el acúfeno (coping).

De la misma forma, el estado hipnótico y la introducción de experiencias incompatibles con la ansiedad, permiten modificar los factores emocionales asociados a ésta, al mismo tiempo que el resto de manifestaciones conductuales.

La experiencia guiada que tiene lugar durante el trance hipnótico, altera, por tanto, la relación existente entre el acúfeno y la ansiedad o malestar general que padece el sujeto, lo que se espera que afecte y modifique tanto la percepción, como la interpretación del mismo.

En esta línea se han informado resultados entre otros por Brattberg, 1983; Attias et al., 1990; 1993; Mason y Rogerson, 1995; y últimamente por Cope M, 2008, aunque no se ha demostrado su superioridad en estudios comparativos respecto a otros procedimientos como la relajación [Andersson y Lyttkens, 1999].

Fuente: Ponencia Oficial XXIV Congreso de la Sociedad Andaluza de Otorrinolaringología y Patología Cérvico-Facial, Acúfenos como señal de malestar

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