El profesor ciego que aseguró que el tinnitus puede ser peor que la ceguera: la historia de Anthony J. Sommo
Durante gran parte de su vida, el profesor Anthony J. Sommo superó obstáculos que para muchos habrían sido imposibles. Perdió la vista cuando apenas tenía ocho años debido a un glaucoma temprano, pero eso no le impidió estudiar, enseñar durante décadas y convertirse en una figura respetada en el ámbito académico. Sin embargo, en los últimos años de su vida enfrentó un desafío que, según él mismo confesó, resultó aún más difícil de soportar: el tinnitus. – ( foto captura de pantalla ).
Sommo, doctor en sociología y profesor durante más de 30 años en la Universidad Rowan de Nueva Jersey, falleció a los 75 años. Tras su muerte, dejó una donación de 42.000 dólares destinada a impulsar la investigación científica para encontrar una cura para el tinnitus y la hiperacusia, dos trastornos auditivos que marcaron sus últimos 20 años de vida.
Un amante de la música que terminó padeciendo tinnitus
A pesar de su ceguera, Sommo llevaba una vida activa y apasionada. Amaba el cine, el béisbol y, sobre todo, la música. Tocaba varios instrumentos —entre ellos guitarra, piano, acordeón y saxofón— y en su adolescencia incluso llegó a formar su propia banda de blues.
Pero fue justamente su pasión por la música la que terminó afectando su salud auditiva. Según relataron sus allegados, sus problemas comenzaron después de asistir a un concierto particularmente ruidoso.
A partir de ese momento desarrolló tinnitus severo —un zumbido constante en los oídos— acompañado de hiperacusia moderada, una condición que provoca una sensibilidad extrema a los sonidos.
Barry Carlson, albacea de su patrimonio y amigo cercano, recordó cómo este problema cambió la vida del profesor.
Según explicó, durante años nunca lo consideró una persona discapacitada. Para él, Sommo era simplemente un hombre que encontraba su propio modo de desenvolverse en el mundo. Sin embargo, todo cambió cuando apareció el tinnitus.
Carlson recordó que Sommo solía decirle algo que lo marcó profundamente:
“El tinnitus es un trastorno terrible para una persona ciega. Es peor que la ceguera”.
Cuando el sonido es todo tu mundo
Para una persona sin visión, el sonido cumple un papel fundamental en la vida cotidiana. El golpeteo del bastón contra la acera, las voces de las personas o incluso los ruidos de la calle sirven para orientarse y comprender el entorno.
Por eso, cuando apareció el tinnitus, el impacto fue enorme.
El zumbido constante comenzó a interferir con ese universo auditivo del que dependía para desenvolverse.
Aunque su hiperacusia le permitía ocasionalmente visitar algunos restaurantes o escuchar música por períodos breves, las recaídas eran frecuentes. Con el tiempo, Sommo comprendió que debía aprender a convivir con la condición, algo que lo llevó a interesarse profundamente por la investigación científica en este campo.
Su deseo era claro: que en el futuro otras personas no tuvieran que sufrir lo mismo.
Una vida dedicada a la enseñanza
A pesar de sus limitaciones, Sommo tuvo una carrera académica destacada. Estudió en la Universidad de Connecticut acompañado por su perro guía y logró obtener una licenciatura, dos maestrías —en psicología y trabajo social— y finalmente un doctorado en sociología.
Durante tres décadas enseñó en la Universidad Rowan cursos como “Conducta Desviada y Control Social” y “Sociología de la Discapacidad”, siendo un profesor muy respetado y con clases muy solicitadas por los estudiantes.
Emily Casey, una de sus alumnas y posteriormente asistente, recordó que al comenzar en la universidad se sentía perdida. Tomar una materia con Sommo cambió su vida.
Según contó, gracias a él consiguió un mentor, un trabajo y una amistad que duró toda la vida. Hoy es trabajadora social con licencia y afirma que gran parte de su camino profesional se lo debe al profesor.
En una reflexión que muchos recuerdan, Casey señaló que irónicamente fue contratada para ser “los ojos” de Sommo, pero en realidad fue él quien la ayudó a ver muchas cosas con mayor claridad.
Evitando el ruido a cualquier precio
Con el paso de los años, el tinnitus y la hiperacusia fueron limitando cada vez más su vida social. Sommo dejó de tocar instrumentos, de asistir a conciertos e incluso evitaba reuniones ruidosas.
En una ocasión, su colega Yuhui Li recordó que el profesor temía tanto el estruendo de los fuegos artificiales del 4 de julio que decidió pasar toda la noche en su oficina universitaria, un lugar sin ventanas donde el sonido se escuchaba menos.
Más tarde se mudó a una casa en un barrio tranquilo, con un sótano terminado donde podía refugiarse del ruido exterior.
Una última contribución para el futuro
Sommo falleció en su casa, posiblemente a causa de un ataque cardíaco. Tras su muerte, su última voluntad fue contribuir a la investigación del tinnitus y la hiperacusia mediante una importante donación.
Para quienes lo conocieron, ese gesto reflejaba perfectamente su forma de ver la vida: incluso después de su partida, quería ayudar a que otros pacientes tuvieran un futuro mejor.
Su historia, marcada por la superación y el compromiso, dejó además una frase que muchos no olvidan: para alguien que depende del sonido para entender el mundo, el tinnitus puede convertirse en una de las condiciones más difíciles de soportar.
Fuente: hyperacusisresearch.org

