“Dejó de escuchar música”: la extraña afección auditiva que cambió la vida de un compositor y lo llevó a convivir con el tinnitus
Durante casi toda su vida, la música fue el centro de su mundo. Andrew Hugill, compositor, intérprete y ex profesor universitario, dedicó décadas a crear, estudiar y analizar sonidos. Compuso piezas de música clásica, trabajó con tecnología digital aplicada al arte sonoro y participó en proyectos para importantes medios de comunicación. Todo giraba alrededor del oído… hasta que su propio oído comenzó a traicionarlo. – Imagen de Freepik.com
Hoy, Andrew ya no puede disfrutar de la música como antes. De hecho, escuchar una simple canción durante más de unos minutos se ha vuelto una experiencia agotadora, confusa y hasta dolorosa. Lo que para otros es placer, para él se convirtió en un desafío mental constante.
“No es que no escuche… es que escucho mal, distorsionado, doble, desordenado”, ha explicado en más de una ocasión.
La causa de este cambio radical es una afección poco conocida llamada diplacusia, un trastorno auditivo en el que ambos oídos no perciben el mismo sonido de la misma forma. En lugar de recibir una única nota musical, clara y definida, cada oído capta un tono diferente. Esto puede generar una especie de eco permanente o una distorsión que vuelve irreconocible cualquier melodía.
En el caso de Andrew, cuando una nota suena, él escucha dos notas distintas, y una de ellas está desafinada. El resultado es que su cerebro entra en un sobreesfuerzo constante para intentar “ordenar” ese caos sonoro. Ese esfuerzo lo agota rápidamente.
A esta situación se le suma el tinnitus, ese zumbido persistente que no proviene de ninguna fuente externa pero que es real, molesto e incesante para quien lo padece. En el Reino Unido, millones de personas conviven con este síntoma que, aunque invisible, puede destruir la calidad de vida.
¿Cómo se produce este tipo de daño?
En muchos casos, la diplacusia está relacionada con la exposición prolongada a ruidos fuertes, golpes en la cabeza o con la pérdida de audición relacionada con la edad. Las células ciliadas del oído interno, encargadas de transformar las vibraciones en señales que el cerebro puede interpretar, se dañan de forma irreparable.
Sin embargo, también puede aparecer de forma temporal a causa de infecciones, inflamaciones o una acumulación de cera en el canal auditivo. En todas sus formas, el denominador común es el mismo: el sonido deja de ser limpio y se convierte en una experiencia distorsionada.
Los músicos profesionales se encuentran entre los grupos más vulnerables. Estudios indican que el tinnitus es hasta dos veces más frecuente en músicos que en la población general, y la pérdida auditiva puede ser incluso cuatro veces más común. Años de ensayos, conciertos y exposición a altos decibeles pasan factura tarde o temprano.
Pero este problema no es exclusivo del mundo artístico. Cualquier persona que no cuide su salud auditiva —por ejemplo, usando auriculares a volumen elevado durante largos períodos o asistiendo a eventos sin protección sonora— puede desarrollar síntomas similares.
La conexión con la enfermedad de Ménière
En el caso de Andrew, los especialistas creen que su diplacusia está relacionada con la enfermedad de Ménière, un trastorno del oído interno que provoca vértigo, pérdida de equilibrio, tinnitus y alteraciones auditivas. Esta condición se produce cuando falla la regulación del líquido dentro del oído, afectando tanto la audición como el sentido del equilibrio.
A veces está asociada a infecciones virales, pero en muchos casos aparece sin una causa clara. Andrew forma parte de ese grupo en el que no hubo una explicación concreta, solo la aparición progresiva de los síntomas.
Actualmente, casi no escucha por uno de sus oídos y debe utilizar audífonos para intentar compensar el daño. Aun así, los sonidos intensos siguen resultándole molestos e incluso insoportables.
“Hay días buenos y días malos. Si me paso un tiempo escuchando música, la audición doble empeora. En un recital escuché una nota que para mí sonó como varias al mismo tiempo. Para el resto era completamente normal. Fue tan extraño que me reí”, comenta.
Hoy, evita los conciertos, usa tapones para los oídos y a veces incluso auriculares especiales sobre sus audífonos para reducir el impacto sonoro. La música, su gran pasión, pasó a un segundo plano.
“Ya no escucho música en casa. Eso, para mí, es un cambio inmenso”, admite.
Un hábito común que muchas personas ignoran
Especialistas en audición recomiendan tomar descansos auditivos regulares, al menos cinco minutos por cada hora de exposición al sonido, respetar los límites de volumen en los dispositivos y utilizar protección en ambientes ruidosos.
También se aconseja el uso de auriculares con cancelación de ruido, ya que permiten escuchar sin necesidad de subir excesivamente el volumen. Son pequeños cambios de hábito que pueden marcar una gran diferencia a largo plazo.
La historia de Andrew es un llamado de atención silencioso pero potente: el oído no se regenera. Cuidarlo hoy puede evitar años de sufrimiento mañana.
Fuente: dailymail.co.uk

