Neurinoma del acústico y acúfeno

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El neuroma del acústico es consecuencia de una proliferación anormal de células de Schwann. Estos tumores se originan en la región del ganglio de Scarpa, en la unión de la mielina periférica y central del nervio vestibular en el canal auditivo interno (CAI).

El CAI óseo aloja los nervios craneales VII y VIII y la presencia de una masa tumoral compromete dichas estructuras. Con el crecimiento, el tumor puede comprimir el nervio auditivo e interferir el suministro sanguíneo hacia la cóclea. El acúfeno es el síntoma de inicio en el 11% y está presente en el 85% de los pacientes con neurinoma del acústico.

Sin embargo, el neurinoma del acústico como causa de acúfeno grave o muy molesto es relativamente poco frecuente. Sin embrago, sólo en un muy pequeño porcentaje de pacientes con clínica significativa de acúfeno sin afectación de la audición, realmente se les diagnostica un neurinoma mediante las técnicas de imagen.

Normalmente el acúfeno es constante, de tono alto, y unilateral. Su aparición comúnmente coincide con la pérdida de la audición; como consecuencia de la disfunción del nervio coclear. Los pacientes con neurinomas del VIII PC rara vez se quejan de acúfeno sin pérdida concomitante de la audición.

Un acúfeno unilateral, en presencia de pérdida de audición, obliga a descartar la existencia de un neurinoma del acústico. Su mecanismo de desarrollo, se cree que es similar al de la pérdida de la audición, es decir, por lesión neuronal o vascular.

Los pacientes con neurinoma del acústico y que padecen un acúfeno se diagnostican de forma más precoz. Sin embargo, los procedimientos de diagnóstico deben ser realizados con sumo cuidado ya que para estos pacientes, el hecho de que su acúfeno pueda ser relacionado con un tumor cerebral puede empeorar en gran medida la gravedad del acúfeno.


Además, en los pacientes con hiperacusia que generalmente padecen estados de gran ansiedad o fobia, pueden encontrar muy desagradable la experiencia de la realización de una RM, tanto por los altos niveles sonoros producidos por el escáner, como por los movimientos que sufren durante un período de tiempo dentro de un angosto tubo de metal.

Después de esta experiencia muchos pueden sufrir un acúfeno por claustrofobia. Habitualmente se utilizan tres vías de abordaje quirúrgico para el tratamiento del neurinoma acústico:

(1) el abordaje a través de la fosa craneal media,
(2) la vía retrosigmoidea y
(3) la vía translaberíntica.

Las dos primeras formas de abordaje, permiten preservar la audición, mientras que el último enfoque sacrifica la audición del oído afectado. Además de la eliminación del tumor, la preservación del nervio facial y de la audición debe ser el objetivo principal de estos abordajes quirúrgicos.


Las series publicadas de los pacientes sometidos a cirugía por neurinoma acústico, mediante la sección del nervio auditivo o la destrucción del oído interno, concluyen que la prevalencia de acúfeno preoperatorio es de alrededor del 70% de los pacientes, la mejoría se observó en aproximadamente el 30% de los casos, el acúfeno empeoró en aproximadamente el 7% y se constató un nuevo acúfeno post-operatorio en el 40% de los pacientes.

Dos grandes estudios de 1579 casos y de 1000 pacientes mostraron similares resultados: el 55% de los pacientes informaron la presencia de un acúfeno antes de la intervención, el 31% no mostraban cambios postoperatorios; el 24%, mejoraron, y el 7% empeoraron.

Curiosamente, el acúfeno es más prevalente en los normooyentes (51%) que en los pacientes sordos (21%), y persiste en un 46% después de la operación. Andersson y cols. (1997) informaron que de 141 pacientes, el 70% tenían el acúfeno antes y el 60% después de la cirugía.

La severidad del acúfeno, no cambió como resultado de la operación. En este grupo, hubo un 35% de riesgo de desarrollar acúfenos cuando no existía pre-operatoriamente, y un 15% de probabilidad de que el acúfeno desaparecería cuando lo presentaba antes de la cirugía.

Datos similares fueron comunicados por Levo y cols. (2000), con el 39,8% de riesgo de desarrollar el acúfeno. La preservación de la audición puede ser un factor importante para el desarrollo del acúfeno. Catalano y Post (1996) estudiaron una muestra de 51 pacientes. En 25 pacientes en los que no se preservaron la audición, el acúfeno se mantuvo en el 62% (8 de 13), y un nuevo acúfeno apareció en el 33% en aquellos pacientes que antes de la cirugía no lo padecían (4 de 12).

Los resultados fueron muy diferentes en pacientes en los que se consiguió conservar la audición. El acúfeno se mantuvo en el 40% (4 de 10), y ninguno de los restantes 16 pacientes que no lo tenían antes de la cirugía lo desarrollaron post-operatoriamente. Harcourt y cols. (1997) informaron que el 75% de 161 pacientes sufrían el acúfeno antes de la cirugía.

Después de ésta, el desapareció en el 45%, disminuyó en 17%, se mantuvo en el 30% y empeoró en un 8%. Los datos de la cirugía del neurinoma acústico apoyan las predicciones del modelo neurofisiológico sobre los efectos negativos de la disminución de la audición sobre el desarrollo del acúfeno. Por lo tanto, es fundamental hacer hincapié en la preservación y mejoría de la audición, siempre que sea posible, en cualquier tipo de cirugía otológica.

Fuente: Ponencia Oficial XXIV Congreso de la Sociedad Andaluza de Otorrinolaringología y Patología Cérvico-Facial, Acúfenos como señal de malestar – imagen de gammaknife.com.ec

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